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Hospedaje todos los días, a toda hora. Café abierto viernes, sábados, domingos y festivos · 2:30 p. m. a 9:00 p. m.

Amaría a María

Nosotros

Quiénes somos

Un homenaje con nombre de mujer

Hace unos años, en un evento de mi anterior restaurante, todos felicitaban al chef por una sopa espectacular. Al transmitirle el elogio, la cocinera del lugar (una mujer de carácter único y humor brillante) soltó una risa sarcástica: «La sopa la hice yo. Yo soy la cocinera, pero él es el chef solo por ser hombre».

Tres mujeres posando juntas, del brazo, en la casa

Esa frase me caló hondo. Me abrió los ojos a lo invisible que suele ser el trabajo de la mujer colombiana, que se rebusca la vida, que cría contra viento y marea, y que usa la cocina y el café de la mañana como su primer lenguaje del amor. Ese día nació una promesa de justicia y gratitud que hoy toma vida en el lugar más sagrado: la casa de mi mamá, la Ruquita. Ella, la mujer más trabajadora y transformadora que conozco, tomó la valiente decisión de cambiar el rumbo de su vida y rentarme el hotel a mí, María C., para que yo pudiera darle forma a este sueño llamado Amaría a María. De ella heredamos el alma de nuestra hospitalidad: nos enseñó que esta siempre será nuestra casa y nuestro hogar, y que al cruzar la puerta te sientas como en la tuya.

Por eso el homenaje se extendió del hogar al campo. Queríamos honrar también a las caficultoras y chapoleras de nuestra tierra, esas mujeres rurales que recolectan con cuidado y delicadeza cada cereza roja en las fincas. Para unirlas a todas elegimos el nombre que abraza a nuestro país: María. De ahí nace Amaría a María, un juego de palabras que significa, sencillamente, amar a María, valorar su historia y dignificar su entrega.

Hoy, en lo alto de Calambeo (Ibagué), transformamos ese propósito en un hotel boutique y en una taza de café de especialidad. Más que ser expertas, el café nos apasiona profundamente. Para nosotras es un momento sagrado: mientras mi mamá y yo nos tomamos el café de la tarde aquí, dispuestas a «echar rulo», mi hermana Sandra, que vive al otro lado del mundo hace años, apenas se está despertando y tomando el suyo. Esa taza es la que acorta las distancias, nos permite compartir la vida y nos hace sentir mucho más cerca. Cada taza que servimos y cada rincón que compartimos es nuestra forma de decir gracias a las manos femeninas que, en silencio, sostienen el mundo.

  • 1,5 km del centro de Ibagué
  • 7 habitaciones
  • 120 personas en eventos
Buganvilla fucsia y crema en el jardín, con la bicicleta blanca y el muro de piedra detrás